“Un hijo o un esclavo son propiedad, y nada de lo que se hace con la propiedad es injusto.” Aristóteles.
No existe un crimen de comprensión más compleja que el asesinato de un hijo a manos de su padre o de su madre. Quizás esto nos parezca una conducta excepcional, pero en nuestros días la violencia intrafamiliar es una de las causas que más muertes provoca en los menores de edad de los países desarrollados. 2010 fue un “Annus horribilis” en lo que se refiere a asesinatos de menores en España. Ese año, 23 menores (entre ellos 19 bebés) fueron asesinados a manos de sus padres. Entre 1990 y 2011, fueron 246, computando también aquellos bebés que se abandonaron y murieron y a los que se mató de forma directa. En España, los dos casos más mediáticos de filicidio en los últimos años han sido el de José Bretón, condenado a 40 años de prisión por el doble asesinato de sus hijos Ruth y José s y la muerte de Asunta Basterra, muerta a manos de sus padres adoptivos.
La antropología muestra múltiples actos de filicidio grabados en la historia de diferentes países y culturas y que en la actualidad se subsumen dentro del maltrato infantil. Las muertes de niños se han producido históricamente por distintas razones como la presencia de un defecto congénito (esquimales, indios Mohaves), supersticiones (Ghana), rituales de sacrificio (fenicios), control de la población, la ilegitimidad del hijo, por tratarse de un hijo no deseado (Roma) o la incapacidad de la madre para poder cuidarlo. El filicidio no es un fenómeno que pueda acotarse a países, regiones ni épocas. De hecho, si se habla de las madres que asesinan a sus hijos como de las “madres Medea” es, precisamente, porque hace más de 2500 años Eurípides imaginó un personaje, Medea, capaz de eliminar a sus propios hijos sólo para vengarse de Jasón, su marido infiel.
La expresión más utilizada para definir la muerte de un niño es el de “infanticidio”, y si este tiene menos de 24 horas de vida “neonaticidio”. Sin embargo es el término FILICIDIO el que directamente se refiere al asesinato de un hijo por parte de uno de los progenitores. Tengamos en cuenta que existen diferencias muy claras entre el filicidio y el neonaticidio. En los filicidios la presencia de trastornos mentales en las madres es relativamente frecuente mientras que en los filicidios paternos cuando se produce la muerte suele ser de modo accidental a causa de los malos tratos ejercidos sobre el menor. Sin embargo en los neonaticídios, la presencia de problemas psicopatológicos es excepcional tratándose en la mayoría de los casos de madres que no desean tener un hijo en esos momentos por diversas razones.
El homicidio o asesinato por parte de las madres contra sus hijos podemos estructurarlo en tres fases (McKee & Egan, 2013):
a) Antecedentes que intensifican la situación donde la madre ya contempla la muerte del hijo o decide esconder el embarazo.
b) Fase criminal en la que la agresora comienza a llevar a cabo acciones orientadas a acabar con la vida del menor. Las mujeres filicidas usan varios métodos para matar a sus hijos: envenenamiento, estrangulación, golpes, asfixia y ahogamiento. También es frecuente la negligencia como método para acabar con la vida de menores de un año, en especial neonatos. En el caso de hijos mayores es más común el uso de armas, ya que las víctimas pueden oponer una mayor resistencia (McKee & Egan, 2013; Mugavin, 2008).
c) Fase poscriminal: acciones posteriores al crimen, como el suicidio, la ocultación de evidencias o la confesión del autor/a. De esta fase se destaca que las mujeres neonaticidas jóvenes, tras dar a luz, tienen una pronta recuperación física y emocional que les permite continuar con sus actividades rutinarias.
Resnick (1969), realizó un estudio sobre los filicidios documentados desde 1751 hasta 1967 sobre 155 casos de los cuales 131 eran filicidios (88 maternos y 43 paternos) y 24 neonaticídios. Fue a partir de dicho estudio cuando propuso una clasificación para el filicidio partiendo de las motivaciones de los progenitores para asesinar a sus hijos.
1.- Filicidio altruista: hay dos tipos de filicidios muy bien diferenciados. Aquel que se asocia al suicidio del progenitor que asesina a su hijo en el que los agresores alegan un profundo sufrimiento personal que les hace querer acabar con su vida y consideran que no pueden abandonar a sus hijos y dejarlos solos en el mundo, de modo que acaban con la vida del menor antes de suicidarse. Y aquellos casos en los que el padre o la madre deciden acabar con la vida de su hijo para así aliviar algún tipo del sufrimiento real o imaginado en la víctima. Katharina Katit-Stäheli, 40 años. En enero de 2014 degolló a su bebe de diez meses en el hospital donde era tratado de hidrocefalia. Tras los hechos intentó suicidarse cortándose el cuello, pero no lo logró.
2.- Filicidio agudamente psicótico: se trata de aquellos casos en que el padre o la madre asesina a su hijo bajo la influencia de alucinaciones, ideas delirantes o estados epilépticos o trastornos mentales con una gran ausencia de raciocinio. Estamos ante casos donde los impulsos afectivos de los progenitores hacia ese menor se transforman en comportamientos violentos dirigidos contra él. Andrea Yates ama de casa, fue condenada en Texas a cadena perpetua en 2002, por haber ahogado a sus 5 hijos en la bañera de su casa. Yates sufrió un episodio psicótico que acabó con la vida de sus hijos. Afirmó que creía que el diablo estaba dentro de ella y que matando a sus hijos los salvaría del infierno.
3.- Filicidio por hijo no deseado: esta categoría respondería más a los neonaticídios, ya que se suele cometer el asesinato antes de las 24 horas de vida del niño. En estos casos la ilegitimidad del hijo o la ausencia de la figura paterna son las que hacen que la madre termine con la vida de su hijo. Sin embargo en los varones el hecho de tener dudas sobre su paternidad y ver al niño como un obstáculo para progresar en su carrera profesional son los dos motivos más habituales del filicidio paterno.
4.- Filicidio accidental: se trata de aquellos casos en los que los menores son víctimas por el maltrato físico que sufren en sus hogares. En este caso se definen como accidentales, porque el “animus necandi” o la intencionalidad de matar no es clara en el agresor. Suelen ser los padres los que cometen más este tipo de filicidio puesto que son los protagonistas de tener con mayor facilidad arranques de violencia, generalmente relacionado con una forma de aplicar disciplina y educar al menor. También debemos incluir en esta categoría las muertes provocadas por el zarandeo del menor (Síndrome del niño zarandeado) puesto que cualquier movimiento brusco de la cabeza puede provocar lesiones e incluso la muerte del menor. Alexandra Tobías, 22 años. En enero de 2010, golpeó a su bebé de tres meses contra el teclado de su ordenador cuando lo sacudía violentamente para que dejara de llorar, ya que no la dejaba jugar en Facebook.
5.- Filicidio como venganza: aquellos casos en los que un progenitor mata a su hijo con la intención de hacer sufrir al otro progenitor. Correspondería al denominado Complejo de Medea. Las edades de las víctimas suelen ser más altas que las categorías anteriores. Francisca González, 35 años. Estranguló a dos de sus hijos con el cable del cargador del móvil según los psiquiatras, presa del Síndrome de Medea es decir, para hacer daño a su marido utilizando a sus hijos como instrumento de poder y de venganza hacia él.
ALGUNAS CONCLUSIONES DE LAS INVESTIGACIONES ACTUALES:
- El filicidio es un delito casi exclusivo de mujeres en casi todas sus formas, en especial en el neonaticidio (Bourget et al., 2007; Jaffe et al., 2014). Las edades de las madres que cometen filicidio abarcan un rango bastante amplio, siendo en torno a los 30 años donde más casuista hallamos mientras que las que cometen neonaticídios son más jóvenes, menores de 25 años en su mayoría.
- En relación con los varones que cometen filicidio, Putkonen et al. (2011) los clasifica en dos tipos: hombres con trabajo, que se encuentran en un proceso de separación y tienen como objetivo el filicidio-suicidio debido a su desesperación, y hombres impulsivos y antisociales.
- No existen diferencias significativas en cuanto al género de las víctimas. Sin embargo respecto a la edad, son los niños más pequeños, especialmente los menores de seis meses, los que tienen mayor riesgo de ser víctimas de asesinato a mano de sus madres. Es a partir de los dos años de edad, cuando el riesgo de ser víctima de filicidio está más relacionado con la figura paterna.
- Respecto a las causas que llevan a matar a sus propios hijos estas no son únicas. Son diversos los estresores que pueden precipitar la comisión de estos asesinatos destacando los valores morales y culturales, la violencia domestica instaurada en el grupo familiar, los factores socio económicos que envuelven a la familia, la separación parental en la infancia, o vivir en barrios violentos.
BIBLIOGRAFÍA:
- Company, A., Pajón, L., Romo, J. & Soria, M. á. (2015). Filicidio, infanticidio y neonaticidio: estudio descriptivo de la situación en España entre los años 2000-2010. Revista Criminalidad, 57 (3): 91-102.
- González Trijueque, D; Muñoz-Rivas, M. Filicidio y neonaticidio: Una revisión. Psicopatología Clínica Legal y Forense, Vol 3, Nº2, 2003, pp 91-106.
- Millán, S; García. E; Hurtado , J.A. ; Morilla, M; 4 y Sepúlveda P. Victimología infantil. Cuadernos medicina Forense, enero-abril 2006. 12 (43-44): 7-19.